Vlad (elfo de sangre, paladín) (personaje principal)

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Vlad (elfo de sangre, paladín) (personaje principal)

Mensaje  Vlad el Vie Abr 10, 2009 10:03 pm

Número de Personaje: Primer personaje

Nombre y seudónimos: Vlad, Virion, Saga, Lobo Plateado.
Apellido: Manoiluminada (Lighthanded)
Raza: Elfo de sangre, Alto elfo (cuando se habiliten)
Clase: Paladín
Alineamiento: Neutral Bueno
Características físicas: Cabello muy largo, de color blanco; tez muy pálida, rostro severo y con porte; más alto que la media de elfos y de aspecto más enjuto. Ceguera transitoria y pequeñas cicatrices cerca de los párpados, difícilmente visibles.


Historia:
"Mi nombre es Vlad, pero, como cualquier atontado granjero de piel rosada de Trabalomas podría discernir al parecerse mi nombre a los que usan ellos... no es mi verdadero nombre; es un apodo dado por mi amiga Sahína y, según decía ella, sacado de un cuento de los humanos, de hace ya tiempo... Pero, todo se andará.

Mi verdadero nombre es Virion Manoiluminada. Aunque... a decir verdad, prefiero ser llamado 'Vlad' pues ya no deseo usar más el nombre de mi familia, ya que me quedé sin ella, gracias al mismísimo perro traidor de Arthas Menethil cuando llegó a mi hogar en Lunargenta, y, tras masacrar a todos mis vecinos y parientes cercanos con sus viles y putrefactas hordas de muertos vivientes, abrió el cofre donde me oculté, y me dejó inconsciente, (pensando que me había matado, no me prestó más atención).

Tras ver cómo morían todos mis parientes, y, en especial mi padre, Arngrim Manoiluminada, de quien aprendí todo lo que sabía hasta tal día, decidí hacerme el mejor en cualquier cosa en que dispusiera embarcarme. (Siguiendo los consejos de algunos supervivientes a la masacre) Decidí orientarme hacia la magia de la luz, para satisfacer nuestros intereses.

Me entrené también en el manejo de la espada de dos manos, aunque las armas eran algo que ya me gustaba desde muy joven, y desde que yo recuerde he tenido siempre un cuchillo bailoteándome entre los dedos o un arco presto a ser disparado. Un año después de esto, habiendo deambulado por muchos sitios, ayudando aquí y allá... y habiendo visto a un ya formado Caballero de Sangre en la Posada cercana a la Puerta del Pastor de lo que ahora quedaba de Lunargenta, quedé impresionado por su porte y por su aspecto de luchar contra la oscuridad, con esas armaduras tan brillantes que suelen llevar.

Preguntóle yo a un rubio guardia deshacedor de hechizos que hacía la ronda, cuál sería el oficio de ese hombre, a lo que éste me contestó: "Llevando ese libro sobre conjuros de la Luz que lleva en la mano izquierda, muchacho... Ese caballero, sin duda, es un caballero de sangre. Aunque no hace falta la lucidez de un Semidios para darse cuenta, joven... Dispénsame, ¡el tiempo es maná!". Yo ya estaba casi decidido a lo que quería ser a partir de entonces, aparte de alguien de renombre.

El caso es que mi padre fue alguien de renombre, ya que lo mencionamos; o al menos en cierto sector del ejército; y el propio Kirin' Tor, como sabría después. Llegó a ser sacerdote al servicio de estos hechiceros, entablando conversaciones con grandes héroes, como Jaina Valiente o el mismísimo gran Uther el Portador de Luz. Pero... Tras ser destacado en una zona conocida ahora como "Las Tierras Fantasma"; estuvimos cazando murlocs y demás alimañas por el camino, hasta llegar a la Aldea Brisaveloz, lugar a donde fuí con él para entrenarme de algún modo con los montaraces locales en el uso de las armas... (nada se parecían estas tierras a lo que son ahora; digamos que tienen "añadidos" como no-muertos voraces). Fue deshonrado y perdió todo rastro del honor de su puesto.

Esto fue hace ya tiempo, mucho antes de que siquiera conociésemos el nombre de Arthas.

Allí había un destacamento de elfos de la noche rebeldes que se dedicaban a espiarnos en nuestras tierras, y llegaban hasta cerca de Lunargenta. Así que nuestros capitanes y los montaraces de Brisaveloz decidieron lanzar un ataque contra ellos. Algo que ni a mi padre ni a mí nos agradaba demasiado... Tras varios intentos, padre vislumbró la figura de un hombre muy recio, quien luego supe, se llamaría Saga Pasoscuro, un sacerdote elfo que, con una habilidad increíble en el dominio de la luz (pese a su nombre familiar), luchó mano a mano con mi progenitor, atacándole nada más verle. Tras caer este fuerte luchador frente a padre, éste decidió curarle de sus heridas, habiéndole perdonado la vida (ya que no tenía intención de luchar, fue el elfo quien le atacó primero). Esto sentó muy mal a los compañeros de armas de mi padre, quienes dijeron que tal cosa no quedaría así.

Tras unos días en los que fuimos abandonados, conocí al hombre quien, de repente, comenzó a empeorar hasta la muerte, pese a los esfuerzos de mi padre; y conocí incluso a su hija, una bella y a la par dura y joven elfa (aunque un poco alocada) que entabló conmigo una extraña "amistad" (raro entre nuestras razas y muy criticado, como luego sabréis).

El caso es que las tropas de los Quel'dorei compañeros nuestros volvieron, y mostraron su deseo de llevar a mi padre hasta la justicia para pagar por el crimen de traición. A mí me arrastraron con él con la promesa de impedir con una buena formación que siguiese sus pasos. El príncipe Kael era un jovenzuelo cuando esto pasó, y estaba en Lunargenta cuando llegamos nosotros. Como por aquél entonces no era tan conocido pese a ser príncipe; si pasó algo con él, poco recuerdo de ello.

De Sahína no volví a saber nada, salvo que la eché de menos día a día durante años. Sahína logró escapar, seguramente, pues nada oí a los soldados de una "elfa", pensaron que todos habían sido exterminados en el lugar. El cadáver de su padre no apareció por ningún sitio, con lo que espero, ella le diese digna sepultura al menos, o lo que diablos hagan los elfos pieles púrpuras con sus difuntos.

Mi padre fue pues ultrajado en un consejo de guerra y después, desprovisto de su título (incluso del apodo de "Príncipe" que usaban con él también); fue relegado a ser un sacerdote de poca monta, sin honor ni gloria, salvo unas pocas monedas al mes. Todo transcurrió con "normalidad", y yo día a día entrenaba más y más con la espada, y también con la luz (me juré hacerme fuerte en ella también, como lo fue mi padre, y devolverle el honor a nuestra familia, salvando con ella a nuestros hermanos y aliados). Padre me hablaba de los grandes héroes de la Alianza, como del gran Uther, o del mismo rey Therenas; quien decía, "pese a ser humanos, son buenos ejemplos de hombres nobles". Logré evadir el entrenamiento que me querían imponer los demás elfos, alegando que mi padre necesitaba cuidados; así que, fingiendo que estaba más débil de lo que en realidad estaba, aproveché para aprender de él y de paso ayudarle en su caída.

Hasta que...

Volvemos a lo que aconteció aquél día que tantas desgracias trajo a mi raza... Arthas llegó a Lunargenta para sus oscuros fines, y arrasaba todo cuanto veía. Entrando en casa, al ver que mi padre curaba a los enfermos; cogió la vara de mi padre y con ella misma me golpeó tras atravesarlo con esa espada suya a la que ama más que a sí mismo; hasta creerme muerto. Tras ese momento en que fui atacado por el futuro Rey Lich, no recuerdo nada, pues todo lo de mi alrededor quedó en la bruma y me derribé. Cuando desperté, me encontraba entre los restos de la que antes fue una enhiesta vivienda, en la zona llamada "Camino de los Ancestros", en Lunargenta. Ante mí no se hallaba ni mucho menos un no-muerto, ni nadie conocido en persona para mí, sino un personaje cuyo halo de liderazgo me cautivó desde el primer momento, pese a no haber detenido mi vista antes sobre él por no haberle importante...

Sí, se trataba del mismísimo Príncipe Kael, y él mismo había venido, dijo, tras ser avisado por una tal Alyssa, quien me encontró entre las ruinas de lo que fue un día mi casa. Es extraño, pero, según me enteré después, Kael'thas conoció en persona a mi padre, y el hallazgo de un superviviente de una de las pocas familias amigas que habían sobrevivido a la catástrofe, le creó deseos de ayudarme, así que, terminando otros menesteres que tenía pendientes, mató dos estrígidos de un disparo.

Me preguntó si tenía habilidades para la magia, a lo cual no pude ocultar, que así era, aunque lo mío era derribar troncos podridos a mandobles y partir cráneos de no muertos a mazazos; es decir... adoraba las artes del combate. Pero él no iba por ahí exactamente..., tras su pregunta me reveló sus intenciones con el hecho de preguntarme si sentía una poderosa ansia, una "sed", y si me sentía aletargado, le contesté francamente que, "tan solo por la situación que he pasado en las horas precedentes, excelencia". A lo cual contestó con una carcajada y una mirada conciliadora, como no creyendo que pudiese haber cometido alguien como él tal desliz.

Me dijo que habrían de entrenarme en las artes de la magia, de las que tanto alardeamos siempre los elfos, para equiparar mis habilidades con ella a las de mi lengua, a la hora de herir; cosa que hice sin descanso. Es increíble, pero ver el valor y entereza de ese hombre, ante el hecho de contemplar a su pueblo prácticamente desaparecer como lo hizo, me infundió energías para querer ayudar a mis hermanos y aplastar a la escoria que tenemos por enemigos.

A los pocos meses, volvió a hablar conmigo, pero no en persona, lo hizo a través de cartas y mediante un mensajero (cosa increíble el dedicarme tiempo, dados sus quehaceres y que yo no soy nadie, literalmente), y me volvió a preguntar por aquella "sed". Era insistente, le importaba ese tema. Le dije en un mensaje a su emisario que apenas sentía algo de lo que describía, a lo cual me pidió sinceridad en su misiva. Tras comprobar más tarde que no le mentía en absoluto, me dijo que ya tenía una disposición para mí, con su siguiente carta: "Ya que logras soportar mejor que los demás esta sed, muchacho... creo que lo mejor sería que utilizases la poca magia de que dependes en contra de nuestros enemigos". Me sugirió el unirme a la nueva orden de los caballeros de la sangre; como yo era curioso por naturaleza, no pude evitar sentirme interesado y ver qué se cocía allí, así que me sometí a sus pruebas y me recibieron entre ellos.

Antes de pensar en eso, vuelvo al mensaje. Entonces me dejé llevar por mi ira al contestarle y la manifesté de pleno, al hablar sobre Arthas. El mensajero no dejaba de posar su mirada en mí, y trató de explicarme lo que en el mensaje quería decir, según le ordenó Kael'thas, y acepté. Parecía satisfecho, como si me leyera los pensamientos, el muy pícaro. A esto me contestó el emisario que debía marcharse rápidamente para volver junto a Kael con Illidan Tempestira, el cual le dijo a nuestro príncipe que ayudaría a los elfos a derrotar al caballero de la muerte y ahora Rey Lich y así vengarnos de ese malvado hijo de un Kobold. Montones de historias había ya para los hechos de estos meses, y raro me parecía que el príncipe tuviera lazos de amistad con ese extraño sujeto.

El mensajero añadió antes de marcharse que debía hacerme fuerte y que la venganza me daría fuerzas. Pero yo le contesté que no era mi deseo dejarme llevar por pasiones tan bajas como la venganza, sino, simplemente, aprovechar el poder que me puedan dar las horas de entrenamiento y cultura. Tras pensarlo, llegó a la conclusión de que pudiera ser que yo mismo controlase mi sed gracias a mi forma de pensar y mis sentimientos e ideales, cosa que me dijo, era importante comunicar a Kael'thas; y me aconsejó de forma concisa que "lo más correcto sería servir a la justicia y la paz, pero haciendo que la Luz te sirva a tí, y no al contrario, como hacen los torpes humanos", convirtiéndome en alguien capaz de usar la magia. Me decanté, obviamente, por ser un paladín, y manejar ambas habilidades: Espada y brujería. Volvía a mí la idea de unirme a los recién formados caballeros de sangre, unos soldados que utilizaban el poder de la magia de la luz, gracias al hallazgo del Príncipe de un Na'aru, que ahora habían traído a la ciudad. Aunque nuestros paladines, los caballeros de sangre, no son iguales a los de las demás razas de azeroth, el principio me valía.

El príncipe seguía curioso en sus misivas por mi estado de salud, ya que mis hermanos ahora parecían curados más o menos por la nueva fuente mágica, pero yo siempre estuve sin cambios. Esto debía de producirle curiosidad al rubio noble.

Como me prometí algo al querer entrar, así hice: ayudar a todo el que me necesitase de mis aliados, e incluso a los de mis enemigos si se diera el extraño caso (incluso si fuesen humanos, o enanos al borde de la muerte, haría el sacrificio, pese al asco que me producían tales seres); contra nuestros malvados enemigos comunes, el verdadero mal; para restaurar la gloria de lo que fue nuestro reino y por el bien de Azeroth, expulsando al Azote y a las fuerzas del Caos de una vez y para siempre. A veces hay que aliarse con cualquier cosa, todo sea con tal de aplastar a un enemigo mucho más fuerte que todo ser viviente conocido. Creo que sería estúpido detenerse a luchar entre nosotros, Horda y Alianza, cuando lo que debemos es luchar contra el verdadero mal que nos viene de fuera...

A la edad de 61 años comencé a luchar en serio, y ya tenía más de ochenta en esta historia... Es aquí donde empezó de verdad mi camino, en la isla de la Aguja del Sol, mi primer destino para unirme a las filas de los caballeros; sintiéndome capaz de ayudar a quien lo necesite de mis hermanos y, encuentre o no a mi amiga, no dejaré que sus recuerdos ni los de la pérdida de mi familia me cieguen ni nublen mi juicio a la hora de saber actuar con justicia y con honor incluso si tuviera que quitarle la vida por pertenecer al enemigo. Algo que tengo bastante claro en mi mente, es que, si alguna vez llego aunque sea en mi último aliento ante el trono del malnacido Rey Traidor, espero no perder la entereza, pues sé que no he de sentir odio por él, sino pena, ya que sucumbió ante el poder de forma tan innoble, deshonrando a la ya bastante baja raza de los humanos. Escupiré a sus pies, tal como prometí a mi viejo amigo Jargoo que haría, y en cuanto a lo demás, poco sé qué sucederá.

No haré una venganza a secas, sino, como dirían mis hermanos "ejecutaré la Justicia, MI Justicia".

Ciertamente, son muchos ya los hechos que me han acaecido, de los cuales os haré partícipes con el tiempo, y de los que me acuerde, ya que mis diarios han sido perdidos por azares del destino. He cambiado de opinión en muchas cosas que aquí cuento, como verán vuestras mercedes. Conocí a la mujer a quien llamé mi amor, perdí a mis amigos y demás seres queridos, dejé la orden, la Horda... pero todo se andará."




Vlad durante su época como caballero de sangre, hace unos dos años.


Última edición por Vlad el Jue Nov 18, 2010 5:18 pm, editado 7 veces

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Re: Vlad (elfo de sangre, paladín) (personaje principal)

Mensaje  Volstag el Sáb Abr 11, 2009 12:30 am

Vlad, una pequeña cosa, la orden de los caballeros de sangre es posterior a la caida del pozo del sol al igual que las tierras fantasmas [antes era el bosque oscuro] y los deshacedores de hechizos tambien son posteriores ya que fueron instruidos por Kael'thas.

Anveena no fué conocida por nadie hasta que Kael'thas estaba en Terrallende, y solo sabe de su presencia Lorther'mar Theron, Halduron y algunos pocos elfos.

Tambien piensa que M'uru [la fuente de luz] fué entregada cuando llegó el magister Romath y tras capturar Tempest Keep en Terrallende.

Son detales a tener en cuenta.
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Re: Vlad (elfo de sangre, paladín) (personaje principal)

Mensaje  Vlad el Sáb Abr 11, 2009 12:55 pm

Gracias por el post, así he entrado, he releído la historia y dado cuenta que había publicado la versión vieja que subí a Mundo Miso Very Happy. Ya he puesto la que tenía en Tierra Oscura, que corregía cosas.

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Boceto de "Vlad"

Mensaje  Vlad el Jue Dic 30, 2010 5:50 pm



Para este verano a ver si me curro algo más decente con todos mis personajes en plan comic xD


Última edición por Vlad el Jue Dic 30, 2010 5:51 pm, editado 1 vez (Razón : aclaración)

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Re: Vlad (elfo de sangre, paladín) (personaje principal)

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