[Vrykul Guerrero] Wulfgar Sigurdsson

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[Vrykul Guerrero] Wulfgar Sigurdsson

Mensaje  hellhammer el Vie Abr 17, 2009 8:33 pm

Nombre: Wulfgar Sigurdsson
Raza: Vrykul
Clase: Guerrero
Alineamiento: Neutral Bueno
Facción: Horda
Residencia actual: Campamento Narache

Características físicas: A primera vista, Wulfgar puede parecer un inmenso humano barbudo que puede superar perfectamente los 3 metros de alto. Su pelo es rojo oscuro, y sus ojos azules y penetrantes: un druida le dijo una vez que era capaz de contar su vida a través de la mirada. Sus rasgos fisiológicos son más rudos que los de un humano normal (cejas, nariz y boca más grandes, corpulento en general…). Su barba y su cabello están repletos de trenzas y adornos típicos de las tradiciones de los tauren, y siempre le verás ataviado con ropas y armadura cómoda (cuero y pieles). Su voz es profunda y grave pero todo el mundo le dice que por algún motivo su voz y su presencia no son amenazadoras, mostrándose a primera vista como “alguien grande que busca su lugar en un mundo pequeño”.

Edad: 21

Trasfondo:

Extraído del testimonio del Jefe Halcón.

“La gente siempre me pregunta qué motivos mueven a un grupo de tauren a vivir en los densos y peligrosos bosques de Azshara. La respuesta más inmediata siempre solía ser que mi comunidad estaba compuesta por aquel entonces de un grupo de cazadores, recolectores y místicos nómadas de varias tribus. Pero cuando alguien más cercano a mí me lo pregunta, la respuesta para mí es clara, y no titubeo ni un segundo: El Destino me condujo a Azshara para conocer a mi Hijo…
Durante largos años de viajes y experiencias, las continuas pruebas de la Caza Salvaje y los caprichos de la Gran Madre nos condujeron a aquella tierra inhóspita y peligrosa, tiempo ha ocupada por los antiguos kaldorei. Las ruinas de sus torres y sus palacios contrastaban con la vegetación otoñal del lugar, las hojas secas le aportaban un aroma especial a nuestros viajes, y el sonido del río y la tranquilidad de las marismas se habían convertido en un aliciente más de nuestras tranquilas vidas… Hasta el día en que aquella tranquilidad terminó…
Tras montar un campamento en la fronda del bosque, no muy lejos de las marismas, envié a uno de mis mejores cazadores, Azok, a buscar algunos conejos para la cena y poder pasar la noche. Pasadas largas horas de meditación e historias junto al fuego, vimos que Azok no volvía, y nos temimos lo peor… Así que desmontamos el campamento y toda la comunidad salió a buscarle. Si el bosque suponía un problema para uno, quedarse allí sería un problema de todos…
Pasaron días y Azok no aparecía por ninguna parte, y nuestras esperanzas ya comenzaban a flaquear… Hasta una noche en la que Lanka, el hijo de Azok (que había aprendido los secretos de la Caza desde su niñez, y que no tenía intención de rendirse), vino corriendo hacia nosotros… ¡Había encontrado algo en la costa! En su inocencia, Lanka nos contó asombrado que había visto a un dragón en la playa que había escupido fuego sobre la arena, y ahora dormitaba tranquilamente sobre la orilla… Conseguimos adentrarnos en los acantilados y, desde una privilegiada posición oculta entre las rocas, conseguimos vislumbrar la playa a una distancia más cercana.
Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que el “dragón durmiente” era un inmenso barco de madera varado en la playa y el fuego de la bestia era, en realidad, la fogata de un improvisado campamento… El barco era asombroso, su tamaño era colosal pero su aspecto no era el de un gran barco de viaje, sino el de algún tipo de embarcación ligera cuyo cometido podría ser táctico. Al observar la proa comprendimos inmediatamente el asombro de Lanka, pues estaba tallada con la forma de un monstruoso dragón…
Lo verdaderamente monstruoso era que el pequeño campamento no estaba deshabitado… Sobre enormes y gruesas pieles, y largas mantas, descansaban y conversaban unas misteriosas criaturas de gran tamaño… Su piel era rosada, y lucían largas cabelleras y barbas de tonalidades claras. Sus voces eran toscas y profundas, y su idioma totalmente incomprensible para nosotros por aquella época… Y, si había algo que hiciera más bulto en la lejana sombra que aquellas bestias, era la gran cantidad de cajas y sacos que había a su alrededor…
Y entonces fue cuando pudimos distinguir a Azok… Tirado en el suelo, inmóvil, con los brazos atados con cadenas a un pesado tronco… A Lazak se le abrieron los ojos como platos, y nuestro escondrijo se desvaneció… Lazak salió corriendo hacia la playa, mugiendo rabioso, lanza en ristre, sus pesadas pezuñas creaban un remolino de arena mientras corría. Le siguió Harutt de cerca, con algo más de cautela, era uno de los mejores guerreros del grupo. Inmediatamente después, salimos los demás, comprendiendo que la batalla era inevitable.
Allí donde esperábamos una gloriosa contienda, sólo encontramos a aquellas enormes criaturas, solamente tres, contra siete hijos de la Gran Madre forjados en las tradiciones de la Caza… Para más sorpresa aún, descubrimos unos instantes después que aquellas pobres bestias estaban malheridas, recuperándose aún de alguna batalla anterior. Lazak… viendo junto a él el cuerpo de su padre… no mostró clemencia aquel día. Lazak le clavó la lanza en la cabeza al primero, que aún apenas era consciente de lo que sucedía, un gigantesco mastodonte bípedo de pelo blanco con el cuerpo cubierto de extraños tatuajes. El segundo plantó batalla durante unos minutos antes de caer desplomado y ensangrentado (más aun de lo que ya lo estaba) bajo el hacha de Harutt.
El tercero, para nuestra sorpresa, si que supuso un reto, por así decirlo. Con el cuerpo lleno de heridas, cuya sangre manchaba las mantas con las que descansaba hacía unos momentos, se alzó imponente ante nosotros, y profirió una maldición que ninguno de nosotros logró entender. Llevaba un hacha descomunal en la mano derecha, con la que comenzó a describir arcos frenéticos, sesgando el aire en su danza letal, hasta que en lugar de cortar aire sesgó las vidas de otros dos valerosos muchachos del clan, Turok y Hruon, en una serie de movimientos no muy rápidos, pero mortales. Finalmente, cuando la cosa se complicó nos empleamos a fondo y, cuando vimos la oportunidad, mientras los demás le distraíamos, Harutt le clavó el hacha en una de sus enormes y musculosas piernas, mientras que Lazak le daba el golpe final, atravesándole el pecho con la espada de la criatura que había matado antes… Y finalmente se hizo el silencio…
Tal y como sospechábamos, fue demasiado tarde para Azok. Había sido apaleado hasta la muerte, y tenía muchos huesos rotos. Entre susurros y el llanto inconsolable de Lazak, cortamos las ataduras de nuestro hermano caído, e incineramos a él y a los otros dos en aquel mismo lugar, no muy lejos del acantilado… ¡Que los vientos os lleven raudos hasta tus Ancestros! Lloramos todos.

Después de aquello, no teníamos intención de quedarnos más, y decidimos regresar a Mulgore. Viendo las numerosas cajas y sacos, decidimos buscar algo de comer en lugar de tener que volver a arriesgar más vidas en busca de alimento. Encontramos cuantiosas provisiones, y nada modestas: pescado sazonado, vino, cerveza… estaba claro que la pregunta no era contra qué habíamos luchado, sino contra quién…
Encontramos más cosas dentro de las cajas y los sacos: monedas antiquísimas, joyas y baratijas de todo tipo, puedo que incluso alguna de ellas fuera mágica… Cuando vimos aquello todo comenzaba a encajar: saqueadores, piratas… Habían venido en busca de las riquezas abandonadas por los kaldorei, y su codicia les costó cara… Aquel barco era lo suficientemente grande para albergar a treinta o cuarenta de aquellas criaturas, y nosotros nos habíamos topado con tres, malheridas y moribundas. Eso sólo podía significar que aquellos enormes saqueadores habían llegado en mayor número, pero se habrían topado probablemente con algún combate que supondría su final. Aquellas costas y marismas estaban plagadas de monstruos probablemente más grandes y peligrosos que ellos… Pero las gentes de Kalimdor éramos conocedores de tales peligros y solíamos evitar los bosques demasiado oscuros y las ruinas olvidadas… Parecía que esta gente venía de tierras lejanas…
Antes de irnos, decidimos finalmente, en un momento de compasión, darle también una adecuada sepultura a nuestros enemigos… Lazak se negó, pero según las tradiciones la última palabra la tenía yo, y decidí enterrarlos…
Justo cuando mandé a Harutt y a otro cazador a mover el cuerpo del último al que matamos, el más grande y pesado, algo se movió a nuestro alrededor. Lazak fijó su mirada en los sacos y, efectivamente, uno de los sacos se movió… para mostrarnos a otra criatura…
Ésta era mucho más pequeña, apenas del tamaño de cualquiera de nuestras mujeres. Entre gemidos y sonidos incomprensibles, en un instante cogió el enorme hacha del gigante derrotado. Apenas podía blandirla debido a su pequeño tamaño, comparado con el del muerto, pero bastó para interponerse entre Harutt y el cadáver.
Tenía los ojos desorbitados y nos miraba a todos fijamente, uno a uno. Murmuraba palabras incomprensibles, y temblaba de frío. Sentí que, a mi lado, Lazak estaba tenso y preparaba una jabalina… Le sujeté el brazo… Decidí que esa noche no iba a haber más muertes… Y estaba claro que aquel pequeño ser no tenía nociones de lucha…
Temblando, finalmente dejó caer el hacha al suelo, y para nuestra sorpresa, se acurrucó junto al cadáver del gigante que Harutt y Lazak habían abatido… Estaba sollozando… Y entonces otra verdad más se mostró ante nuestros ojos…

-¡Errrrmm…Wulfgar… Sigurdsson! – Gritó la pequeña criatura.

Y obviamente comprendimos que habíamos matado a su padre…

Alguien salió de entre las rocas del acantilado, todos nos alarmamos, menos el extraño muchacho, que seguía llorando y lamentándose… No era otra que mi Madre, la Abuela Halcón. La buena mujer siempre sabía aparecer en el momento oportuno. La habíamos dejado en la retaguardia por si éramos presas de una emboscada. Su amistad con las fuerzas de la Naturaleza eran suficiente razón para encomendarle esa tarea a ella sola, por aquel entonces…
Se acercó al muchacho y le abrigó con sus pieles, y ante el asombro de todos comenzó a cantarle una antigua nana tauren. El chico se tranquilizó, y se durmió… Mi anciana madre tenía un tacto especial para esas cosas…
El resto de la historia, os lo podéis imaginar… Enterramos a nuestros enemigos al son de las protestas de Lazak, y regresamos a Mulgore, con la esperanza de no volver allí nunca más… Nos llevamos parte del botín de aquellos gigantes con la esperanza de colarle las baratijas a algún goblin interesado… Y aquel muchacho, creció, y vivió con nosotros hasta el día de hoy… Aquel muchacho se convirtió en uno más de nuestra comunidad… Y con el tiempo le llamé Hijo. De aquel extraño llanto desesperado, sólo conseguí distinguir una palabra… y cuando la vislumbré en mi mente supe que el muchacho ya tenía un nombre… con la esperanza de que algún día descubriéramos quién es en realidad y de dónde vino su gente… ¡Wulfgar!
Han pasado once años de aquel suceso, y ahora Wulfgar es el orgullo de nuestra comunidad. Está preparado para comenzar los Ritos de la Caza y pasar las pruebas de madurez de los tauren, porque aquí le consideramos uno de los nuestros a pesar de que tenga la piel rosada y mida más de tres metros… Ha aprendido nuestras tradiciones y nuestra lengua como nadie y, por supuesto, aún hoy es una curiosa anécdota para los forasteros que visitan nuestra aldea. Los orcos le llaman “El Humano Gigante” y no sienten mucho aprecio por él, pero buscarse un problema con Wulfgar ahora supone buscarse un problema con nuestro clan…y los charlatanes y los intolerantes se muerden la lengua cuando le ven… Y yo, el Jefe Halcón del Campamento Narache, se que mi Hijo, Wulfgar, con el tiempo forjará su propia vida, ¡y sus hazañas serán recordadas, y su fuerza y su sabiduría temidas y aclamadas, en todo Azeroth!”


Personalidad/Objetivos: Wulfgar es ya hoy en día un claro reflejo de las tradiciones que su familia adoptiva tauren le ha enseñado con el paso de los años… Su corazón es noble y ama a las creaciones de la Madre Tierra con la pasión habitual de los tauren, pero cuando se le enfurece o la injusticia se vislumbra ante sus ojos, Wulfgar se transforma, y su templanza tauren dan paso a la furia de su naturaleza como Vrykul… Su gran tamaño es visto como una bendición para unos y un peligro para otros. Cuando concluya los Ritos de la Caza, su padre adoptivo está totalmente convencido de que será un gran e influyente miembro de la comunidad tauren, y sabrá mantener la compostura el día que sea presentado ante Cairne y los Pezuña de Sangre. Y quién sabe, con el tiempo puede que se convierta en un poderoso aliciente de las filas de la Horda… Mientras tanto, los ancianos de Mulgore siguen intentando adentrarse en su mente y averiguar más sobre su pasado y su origen…


Última edición por hellhammer el Lun Abr 20, 2009 7:05 pm, editado 3 veces

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Re: [Vrykul Guerrero] Wulfgar Sigurdsson

Mensaje  hellhammer el Vie Abr 17, 2009 8:35 pm

A nivel técnico del server, Wulfgar es tán sólo un Tauren Guerrero con una ID de Vrykul aplicada y, debido también a su historia, puede ser considerado como un jugador Tauren...

PD: Puede que el relato de su historia no esté terminado aún

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Re: [Vrykul Guerrero] Wulfgar Sigurdsson

Mensaje  Vlad el Vie Abr 17, 2009 9:33 pm

Conociéndote, era IMPOSIBLE que no te hicieses un Vrykul Smile y no serás el único, genial y a ver si esta semana le vemos por ahí clamando a Tyr Very Happy.

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Re: [Vrykul Guerrero] Wulfgar Sigurdsson

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