Sahína (elfa de la noche) (druida) (personaje de apoyo)

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Sahína (elfa de la noche) (druida) (personaje de apoyo)

Mensaje  Vlad el Mar Nov 23, 2010 5:31 am

Nombre: Sahína Pasoscuro (Darkstepped), alias “Shaina” o “Shai”.

Raza: Elfa de la noche (Kal'dorei)

Clase: Druida (onrol montaraz, cazadora)

Aspecto físico:Delgada, de baja estatura para su raza; de complexión fuerte, de piel con cierto tono magenta, cabellos cortos toscamente recortados a cuchillo, azulados pálidos; muestra tatuajes en su rostro y el resto de su cuerpo, aunque no siempre son visibles, salvo ciertos días. Su rostro muestra una apariencia de juventud, de niña, y sus ojos sin iris enseñan una mirada perdida, como de inocencia y estupidez.

Carácter: Aparentemente, es tonta de remate. Siempre con una sonrisa, no se sabe si oculta algo, trata de engañar o enmascarar sentimientos. Territorial, alocada y sobre todo artista, su único interés es el de apreciar lo bueno y bello y de paso proteger los bosques, aunque para ella la vida inteligente pese más.

Alineamiento: Neutral Bueno.

Historia:



UN RECUERDO TAN PROFUNDO Y ENTERRADO COMO LAS RAÍCES DEL GRAN ÁRBOL

Mi nombre es Sahína, aunque guardo mucho el apodo que un amigo cuyo rostro no consigo recordar, por afecto o por ironía me dió "Shaina" de nombre, ya que le parecía más gracioso (más bien me dijo que era por torpeza a la hora de hablar, por los nervios, y por recuerdo de un animal que conoció). Seré concreta, y me ahorraré arrebatar tiempo innecesariamente al posible lector, para si algún día en contra de mi voluntad este libro es abierto por otras manos que no sean las mías o las de él; pues mucho he de contar.

Mi padre era un gran sacerdote elfo de la noche, aunque joven para la edad que alcanzamos los míos; nacido en Vallefresno. Desde que era joven, sirvió con sus habilidades para con la luz a todo elfo y buena criatura que requería de sus servicios. Pero... Poco le importó esto a la Legión cuando arrasó gran parte de donde morábamos. Desde que yo nací en el lugar, nada pasó fuera de lo normal, salvo que padre me enseñaba la magia de un modo mínimo y controlado. Sin embargo, mostré otros intereses desde muy joven... Amaba las criaturas, más que la luz que él tanto admira, y siempre adoré los animales y la flora de los lugares donde vivíamos.

Todo iba "bien" hasta que un día, los no muertos llegaron. Sólo vimos a la altiva y eficaz Sylvanas Brisaveloz pasar de aquí y allá, y mi padre decidió curar a quien se pudiese. Tras la derrota de prácticamente toda alma elfa del lugar por esos perros cadáveres andantes, decidimos por fin salir de allí. 'Terribles sucesos, y tuve que ver la muerte con mis ojos mucho antes de lo esperado'. Decidió mi padre que debería de darme una educación alejada de tales sucesos, así que estuvo curando a gente ejerciendo de sacerdote de la aldea, de boticario, y trabajos de esa índole.
Mi progenitor estuvo de aquí para allá durante años, buscando trabajos aquí y acullá (que no faltaban para sus habilidades, dado que todo el mundo muere, sufre, o un poco de la segunda hasta llegarle la primera), hasta que al fin le mandaron junto a un pequeño escuadrón de elfas cazadoras y algunos druidas aliados nuestros hacia una zona llamada ahora "Las Tierras Fantasma", situadas en Territorio de la ya por aquél entonces enemiga nuestra, la Horda. De esto hará un lustro, más o menos, si no me falla la memoria.

Mi padre no pensó ni un momento en llevarme con él, pero me escabullí, pues quería conocer tales tierras y, de paso, asesinar a algún que otro elfo de esos que pasaron a ser llamados "Elfos de Sangre" o algún no muerto, de quienes es harto sabido, maltratan la naturaleza (poco me importan a mí Horda o Alianza, tan sólo respetar el medio en donde vivo, y recordárselo con mi garrote y mi arco al que tal cosa no haga). Cuán enorme fue la oleada de enemigos que nos atacaron en tal zona más de una vez. Hasta que un día, un tal Arngrim Manoiluminada sorprendió a todos buscando a mi padre, concretamente, para retarse el uno al otro... Cosas de hombres...

Perdió mi padre, Sagallion Pasoscuro, contra aquél apuesto y a la par insistente elfo. Sin embargo, mostróle este piedad a padre, curándole de sus heridas y, además, perdonándole la vida a mí también. Mi padre debería haberlo tomado como un insulto, pero no fue este el caso, pues los "amigos" del elfo Sin'dorei reaccionaron antes, largándose todos y abandonando a aquél noble hombre (raro que YO diga esto de un elfo de la sangre..., pero lo probó) a su suerte, y recordándole que tuviese la dignidad de quitarse la vida o se enfrentaría a la deshonra una vez de vuelta en su ciudad.

Esto no arredró al hombre, quien daba la impresión de mostrar felicidad de todos modos.

Se marchó, diciendo que su hijo andaba a medio camino de su ciudad, aplastando cráneos de no muertos, para allanar el camino a los pobres indeseables que no tuvieran otro remedio que atravesarlo.
Todo iba bien entonces, padre pareció recuperarse un poco, y comenzamos a reorganizar el campamento junto a refuerzos de nuestras montaraces, que ya llegaban de nuevo. Pensé que se quedarían allí, pero me equivoqué...

...Una noche, quedamos solos él y yo, mi padre yacía inconsciente esa noche, pensando yo que dormía; pues como me enteré más tarde, un terrible dolor lo acuciaba de nuevo, y le aprestaba a reunirse con la Parca. Para mi sorpresa, no fueron sus manos las que me tocaron de repente en el cuello, palpándolo... sino la de un greñoso intento de elfo de sangre, todo cubierto de harapos. Lo que hizo después, preferiría no recordarlo...

...Mis gritos llenaron el bosque, nunca olvidaré tal dolor...

De repente, un final, un grito de '¿De qué teníais vosotros sed, bellacos? ¡Maldita sea la madre que os parió a los tres! Que por cierto no os habrá de encontrar'. Tras aquél grito enfurecido, vi los tres cadáveres en el suelo, junto a mí, a donde llegaron siguiendo a un sordo sonido de golpe contra el mismo. Sus cabezas, rodaban camino abajo, cercenadas, con una mueca de sorpresa, sin entender cómo diablos les había sucedido tal cosa.
Como perdí el conocimiento tras aquello, no supe nada más.

Lo primero que vi fueron dos ojos con un extraño brillo azul, y a la par verde.
'-Por todos los demonios, que seguís viva, milady... gracias al Sol y a vuestra Luna'.
No fue al que habló al que finalmente pude distinguir cuando la niebla dejó paso a mi visión... sino al caballero que a mi padre había derrotado en combate. El elfo decidió que qué diablos, podía postergar su juicio un par de semanas más, ya que su líder no se encontraba en la capital; para de paso intentar sanar de nuevo a mi maltrecho padre.

Me presentó a su hijo, aquél mi salvador, un tal Virion, a quien apodé Vlad, por su parecido con un artista humano medio elfo de un cuento humano que me regaló una chiquilla hacía ya muchos años en Ventormenta, en una de mis... "escapadas". Un artista con unos ideales más grandes que su fuerza, que finalmente perdería la vida en combate, llevando con él un retrato hecho por él mismo de su amada.

Él, a su vez, me apodó "Shaina", como a una serpiente muy escurridiza que conoció hacía años, dice, por esos tatuajes que llevo... (no supe cómo tomarme esto...). Este joven (para nosotros, sería un crío) mostraba una belleza increíble, tanto en físico como en modales y pensamientos, y, pese al odio que nos enseñan a tenernos entre nosotros a los elfos, que pese a ser elfos, tenían otra forma de ser, físico, etc... , me mostró un respeto y un afecto que jamás vi ni tan siquiera entre mis amigos elfos nocturnos. Y todo esto sin haber cruzado ni media palabra con él. Como la misma princesa más bella de las elfas me sentía tratada.

Ellos sabían que su suerte se había acabado, pero cuidaron de mí y de mi padre esos días hasta que, sin huir como un cobarde, el padre de Virion aguardó a las tropas que le llevaron de allí para ajusticiarle en Lunargenta, ya que no había aparecido por la ciudad. Estos rubios guardias de traidor y cobarde le tacharon, y lleváronle con ellos. De Vlad nada sé ya, salvo que ese apodo que le di conserva aún, pues por tal apodo le conocen las gentes; partió pues con su padre, dándome un beso en la mano y regalándome un dibujo, en el cual más tarde me basé para los tatuajes que mandé hacer sobre mi piel toda, y que me acompañarán hasta mi muerte en mi cuerpo. Mis objetivos desde entonces fueron llegándome de forma pausada, tras dar sepultura a mi padre (quien no logró sobrevivir, pese a los intentos de Arngrim y Vlad por salvarle... Ya que, sin saberlo ellos, le lanzaron una flecha envenenada al cuello unas arqueras elfas de la noche que, tras eso, escaparon. Tal era el pago a mi padre por su "traición", escuché sisear a una de ellas al llegar a Darnassus tiempo adelante, sin esfuerzo por ocultar su participación en tal acto.

Sé que Vlad vive, pues conocí a una hermosa Draenei llamada Jayle que le conoció de casualidad, en uno de sus arriesgados viajes a lo que queda de Vallefresno (y por poco le mata al elfo, pobre torpe muchacho…). Gusta de la tierra el elfo, y de los frutos que tal le ofrece, y allí se andaba, por aquellos lares, bajo riesgo de ser atravesado por saetas de mis comadres.
Al parecer esta draenei había sido secuestrada para el trato de blancas, junto a algunas chicas más. ¡Y este elfo no podía permitir dejar a una doncella en apuros! Oyó gemidos el elfo, me dijo la draenei con su gracioso acento; y no pudo evitar dejar su pico abandonado para echar mano de su otro acero, más afilado, en busca del gaznate que los estaría obligando a salir de esotro gaznate.

Qué recuerdos... qué anticuados principios... y a la vez tan nuevos (tan humanos, o como deberían ser los humanos, según se cuenta); pero no puedo evitar sentirle respeto por ser así. Aunque no sé si “respeto” es la palabra adecuada.

Jamás he dado con él, pues siempre que llego a un sitio, él ya se había marchado y de su rastro tan sólo quedaban los improperios lanzados por sus detractores (elfos, para mi sorpresa, en su mayoría) y las alabanzas esparcidas por quienes le aprecian; y ni siquiera sé si le reconoceré... Pero sé que debo hallarle, pues, como me contó la draenei, sufre serios problemas tanto en su mente como en su cuerpo, corazón y alma.

De hecho, Jayle dice con ojos soñadores que con él ha compartido mucho más que los hechos de aquél día, dijo que ha permanecido Vlad varios años con los druidas de Cenarius, allá donde le encontraran de repente, perdido por las Marismas de Zangar, sin memoria, sin nada. Y allí le reencontró ella, conociéndole sólo por la voz, ya que me dice, que su físico ha cambiado; intentando ser picoteado en una ceja por un hipogrifo, al que al parecer mi amigo se estaba intentando subir para domarle, ofreciéndole flores para comer, 'pues tan hermosa bestia dudo que fea carne deguste'. A otros he preguntado sobre él, habiendo sido profesor suyo un barbudo enano, cazador al servicio de su rey, a quien pillé matando sin pedir permiso a un sable de la noche, a las puertas mismas de nuestra capital. Ervey ha resultado también ser una fuente de información, aunque mínima, ya que dice, que de Vlad poco sabe salvo que su padre le mencionaba en sus memorias como alumno dél. 'Es normal que no sepamos mucho de un enemigo, Shai, es normal... deja de pensar en gentuza de la horda, hazme caso'.

Pero, sabiendo como saben mis hermanos que le amo por sobre todo porque mi vida le debo, y más de eso... Incluso por sobre mí y la Alianza pasaré, haré lo que sea por ayudarle, aunque jamás le pueda ver en persona de nuevo para no ponerle en peligro de muerte.

Sé que él ama a otra, pues hasta de eso me he enterado, por ahí circulan las habladurías de cierta elfa de cabellos color sangre, que la propia sangre de quien de ella se prenda hace correr, y estallar del dueño de la tal sangre su corazón mismo; pero poco importa, pues, pudiendo ayudarle yo a él del modo que sea, descansaré tranquila cuando mi hora me llegue sabiendo que él es feliz.

Hasta ahora mi objetivo ha sido explorar como nadie las tierras de la Alianza, y he hecho alguna que otra incursión hacia zonas bastante más peligrosas para nosotros los elfos nocturnos, pero poco importa, con tal de fortalecerme y ver mundo. Las cazadoras montadas siempre han sido buenas conmigo, y las ayudo como puedo, aunque no me lleve tan bien como ellas con los sables de la noche.
Mis habilidades son la caza y sobre todo el arco, arma que adoro, siendo uno que Vlad me hizo antes de irse (algo tosco, tallado con la espada y con madera de árbol muerto, para no dañar la Naturaleza, como me dijo...) mi arma predilecta, casualmente de madera de esos árboles que se crían en las tierras donde los jóvenes elfos de sangre son entrenados, cerca de lo que queda de su antigua y antaño hermosa capital.

Mi padre quería que fuese una sacerdotisa de la Luna, o algo así, pero... Prefiero algo que me permita más... "acción", como lo es el contacto con la naturaleza. Junto a mi gusto por escribir poemas está también el arte de las armas, al cual dedico más de la mitad de mi tiempo libre, dicho sea de paso... Bueno es el uso que doy al garrote, si falta hay de echarle mano.

He estado pasando unos años las 'vacaciones' en Teldrassil, haciendo algunas tareas menores para las dríadas, para el druida Mathrengyl, y poco más, buscando siempre excusas que me llevasen tanto a Darnassus (para recabar noticias del mundo); como a la misma Ventormenta, a la corte del rey Varian. Pese al racismo que aún hay para con los elfos, la Alianza está llena de nobles gentes, y me reconfortan bastante, algunos incluso habiendo conocido a mi padre, dándome el pésame, y recordando cómo éste les salvo, 'por lo cual muy mala persona no habría de haber sido'. Con los druidas sobre todo me entreno, ya que aman la naturaleza, misiones arriesgadas y peripatéticas me dan (ya que como dicen de los druidas, si les muerde un mosquito para la sangre chuparles, tal se lleva, y unas afectuosas 'gracias' de paso el bichejo, así que figurarse alguien puede de que matar no me mandaban, sino 'apaciguar' a tal o esa otra alimañas, como si con una araña pudieras rendición negociar) y algo de ellos llevo aprendido. Sigo pintando, y continúo componiendo poesía, canto de vez en cuando en alguna taberna, para las gentes que a ella acuden, por unas buenas monedas las unas veces, las otras por entrenar la voz, y las últimas porque sí.

Parece como si no dispusiera de meta en mi vida, pero nada más lejos... simplemente me recreo con el arte, y los pequeños detalles de la vida... No tengo prisas por vivir, como estas razas jóvenes, ya que una eternidad tengo... 'Que vengan las aventuras a mí sin prisas, como decía mi abuela, que en guardia me hallan'. Olvido la política y no soy muy de agitar las armas contra nada. Prefiero agitar el pincel sobre una buena madera; y de menear las cuerda de un laúd.
Han sido, de hecho, ya muchas mis aventuras, pasando por escaramuzas contra la horda, tomar a más de un elfo por Vlad, unirme a unos filibusteros a petición de mi amigo Rargist para surcar el mar para perseguir la pista de un trol que tenía información, y montones de anécdotas más...

Han sido pocos estos años desde que le conocí... pero cuán cargados de sabor y de sinsabores... de aventuras y de riesgos; aunque no pensaba narrarlas ahora mismo, sólo recuerdo... y duele recordar tanto en una galopada; me despido por ahora, estoy cansada, ya que vengo de un paseo por lo más oscuro y apartado del bosque con mi amiga Ervey, de hacerla un retrato aprovechando la suya belleza y la de mi tierra, y simplemente decidí empezar un códice o cuaderno, tal como hacen las mujeres de su raza, según comprobé al intentar atizarme ella con un tacón tras encontrar un libro en su tienda en Darnassus llamado 'Diario'; es algo bastante gracioso esto que hacen, como para recordar eventos que no necesito recordar..., como para no olvidar aunque jamás pudieres; pero... me parece una idea muy romántica, muy... muy nuestra.
Algo que compartimos los dos, aunque nunca se lo haya preguntado; por mucho que nos ha de separar por siempre.”




Ésta es Sahína, reposando mientras sueña con aquellos que la han abandonado y aquellos otros que jamás lo harán, guste ella o no de tal cosa...


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